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O Castro British International School

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Educando emociones
O Castro British International School

Los alumnos de O Castro British International School reciben una formación integral y personalizada donde no solo es importante la excelencia académica. La educación en valores y la educación emocional forman parte de nuestro currículo de centro.

Por eso, y siempre con ánimo de seguir aprendiendo juntos, desde O Castro hemos contactado con Ana Horcajo, psicóloga experta en psicología infantil y terapia familiar sistémica, para conversar con ella al respecto. Hemos charlado un buen rato con ella y Ana, que además también es docente universitaria, nos ha proporcionado ocho claves para poder educar a los pequeños en la correcta gestión de las emociones.

 

1.      Enseñar a pensar en positivo: muchas veces, a lo largo del día, nos centramos únicamente en las cosas malas que nos han pasado y se nos olvidan las cosas buenas. Hay que enseñar a los niños a pensar en esas cosas buenas que van pasando en el día a día. ¿Para qué? Pues para que de esta manera ellos creen también vínculos afectivos que sean buenos, que sean adecuados y que aprendan a solucionar los problemas y los conflictos de una forma positiva y de una manera más pacífica.

 

2.      Poner especial atención a las palabras. ¿Qué significa esto? Tenemos que tener en cuenta que el ser humano es un todo integrado. Tiene la parte emocional, la parte cognitiva y la parte conductual. Las tres están interrelacionadas; las tres dependen unas de las otras y condicionan unas a las otras.  ¿Qué pasa? Pues que según nos contamos nosotros la vida, según nos contamos las experiencias, así sentimos. Y eso determina nuestras conductas.  ¿A qué me refiero? A veces, utilizamos expresiones como: “Tengo que hacer esto” cuando sería más correcto decir: “Quiero hacer esto”. O expresiones como: “No puedo” “Esto es imposible” “Nunca voy a ser capaz de hacerlo” “Es súper difícil” … En lugar de decirnos “Bueno, esto es complicado, pero me voy a sentar y ver cómo lo hago; voy a pedir ayuda; voy a buscar alternativas…”, por ejemplo. O expresiones como: “Yo soy así y esto no va a cambiar nunca” “Esto está fatal” “Soy muy malo” … son expresiones muy radicales y muy negativas. Pues hay que cambiarlas por expresiones razonadas, con ejemplos y más positivas.

 

3.      Comunicación: es imprescindible crear un clima de confianza; un clima de seguridad donde el niño pueda hablar; donde se permita el dialogo. Un ambiente en el que el niño vea que se respetan sus opiniones, donde no se imponen ideas y no se juzga. La familia es ese sitio donde el niño debe sentir que puede hablar libremente y se le va a escuchar. Y por supuesto debe ser una escucha activa.

 

4.      Permitir la expresión de emociones: las emociones y los sentimientos en los niños no se pueden reprimir. No debemos hacer que los niños vean que hay emociones buenas y emociones malas porque todas las emociones son buenas y todas las emociones son necesarias. No le debemos decir a un niño “no llores” o “no pasa nada “minimizando lo que él o ella está sintiendo en ese momento. Dejemos que exprese su miedo, su dolor o su enfado, al igual que dejamos que canten o se rían a carcajadas cuando están contentos.

 

5.      La empatía: es importante que los niños aprendan a reconocer sus emociones y además aprendan a reconocer las emociones de los demás. ¿Cómo podemos conseguir esto? Pues, por ejemplo, preguntándoles. Generando situaciones en las que les preguntemos: ¿Cómo crees que se siente esta persona? ¿Cómo crees que se siente papá? O ¿cómo crees que se siente tu amigo? O si estamos viendo una peli o leyendo un cuento, podemos preguntar ¿Cómo crees que se siente este personaje? ¿Qué le ha podido pasar? ¿Por qué se siente así?

También es importante que nosotros, sus adultos de referencia, expresemos y ponerse en nuestro lugar. Podemos decirles: “me siento triste por esto” o “estoy muy contenta por esto otro” para que se pongan en nuestro lugar.

 

6.      Enseñar a reconocer las emociones: empezamos por las emociones básicas y continuamos con las secundarias. ¿Cómo se hace? Pues igual: con preguntas, generando situaciones en las que podamos preguntar y ellos puedan hablar; ayudándoles a poner nombre a lo que sienten…

 

7.      Una vez que son capaces de ponerle nombre a las emociones, deben aprender las causas y las consecuencias de cada una de ellas. Poco a poco deberán ser capaces de expresar el porqué de lo que están sintiendo. Por ejemplo: “estoy enfadado porque mi hermano me ha quitado el juguete”. O: “estoy triste porque hoy no hemos podido al parque”. Al principio les tenemos que ayudar a encontrar la justificación de lo que sienten, pero después deberán intentar hacerlo solos.

 

8.      Permitirles vivir el presente. Vivimos siempre muy agobiados por el pasado o por el futuro. Tenemos que intentar que los niños no vivan anclados en el pasado; en este sentido hay que evitar frases como ¿te acuerdas lo que te pasó? Pero tampoco debemos agobiarles con el futuro con predicciones de lo que pasará si no hacen esto o lo otro. Hay que poder hacerles ver las consecuencias, pero hay que dejarles vivir el presente; los niños deben aprovechar los beneficios emocionales que tiene vivir ese presente. Debemos conseguir que no se preocupen demasiado por lo que ya ha sido ni por lo que va a vivir después. Al fin y al cabo, el cerebro del niño está diseñado para pensar en presente. La ansiedad por anticipación es algo del mundo adulto que no debemos transmitirles a ellos.

 

Y así, con estas sencillas pautas concluimos esta pequeña guía de educación emocional que esperamos que les haya resultado tan útil e interesante como a nosotros.